La fascia es, en realidad, un tejido conectivo, que se dispone en capas para formar una red tridimensional de tensión del tejido conectivo. Se extiende por todo el cuerpo, como una “media” que conecta los sistemas y los órganos internos entre sí, llenando los espacios entre los órganos. La miofascia es la unidad de un músculo y su capa membranosa circundante. Así, el músculo y la capa de fascia que lo rodea forman una unidad orgánica, funcionalmente inseparable. Si un estado de desequilibrio prolongado persiste, el sistema miofascial entrará en un estado de fatiga, un estado de descompensación. Pueden aparecer puntos gatillo miofasciales y disfunciones articulares. Esto puede dar lugar a la rigidez de los tejidos, la restricción de los movimientos y el dolor. En estos casos, el origen del dolor no es local, sino que se trata de zonas puntuales en el tejido muscular que, al ser presionadas directamente, irradian el dolor a zonas distantes a través de la fascia. Estos puntos se denominan puntos gatillo.

Indicios de la presencia de un punto gatillo:

  • Reducción de la amplitud de movimiento
  • Pérdida de fuerza muscular
  • La aparición de dolor irradiado por la presión
  • Sudoración, mareos, aumento de la secreción, desequilibrio

Los puntos gatillo se localizan en una zona específica del músculo. Se pueden agrupar según su localización: en el vientre muscular – central, en la unión músculo-tendón – puntos gatillo de unión. Si se forma un punto gatillo en el tejido muscular, la capacidad del músculo para estirarse y acortarse se ve afectada, y se produce una sensación de malestar y rigidez muscular.

Dependiendo del grado de dolor, el punto puede ser:

  • Activo: punto de mayor sensibilidad que puede incluso dar dolor por sí mismo, sin influencia externa, según la zona de descarga.
  • Latente: Sólo la presión directa puede causar dolor irradiado.
  • Inicial: Se caracteriza por un dolor localizado únicamente, que no se extiende a una región distante.

Los puntos de activación se determinan mediante el tacto para determinar a qué grupo pertenecen. Si el punto es sensible a la presión pero no irradia, es un punto primitivo. La presión aplicada al punto provoca una isquemia en el tejido y la estructura molecular cambia como resultado de la energía transmitida. Cuando se libera la presión, el suministro de sangre al tejido afectado aumenta considerablemente, de modo que los productos de desecho depositados son eliminados por la circulación.

Para desencadenar la liberación del punto, hay que preparar la zona. La zona miofascial debe trabajarse a fondo utilizando técnicas de masaje conocidas. Los puntos gatillo pueden liberarse mediante presión mecánica. La mayoría de las veces, el terapeuta utiliza su pulgar para hacerlo. Para alcanzar el punto, es necesario aplicar una fuerza vertical lenta y gradual, seguida de una relajación tejido a tejido. La presión en un punto puede durar entre 60 y 90 segundos. La liberación debe ser lenta y gradual, de lo contrario la liberación repentina hará que las fibras musculares vuelvan a crisparse. Después de liberar el punto gatillo, siempre hay que estirar la sección muscular para restablecer la longitud de las fibras. La presión aplicada durante la terapia puede ser dolorosa al principio, pero el dolor desaparece rápidamente cuando el músculo se relaja. La terapia de puntos gatillo puede utilizarse para obtener resultados a largo plazo, eliminando la verdadera causa de la tensión muscular y produciendo una mejora duradera.

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